En el país de la abundancia
Sentado en la piedra lisa a la entrada de su choza, Facundo sopesaba las opciones. Temprano por la mañana, el patrón le había mandado decir que debía dejar la milpa ese mismo día, que se llevara lo que pudiera y abandonara lo demás, pues estaba cansado de la vida del campo y de tener sus tierras ocupadas por desarrapados. Facundo debía marcharse. Cuando escuchó eso, Facundo se quedó inmóvil. Por un momento, creyó haber oído mal y tuvo que digerir las palabras despacio. No podía estar hablando en serio. Y si esto era cierto, no era arbitrario: era cruel. Su historia, sus posesiones, su vida estaban ahí. Su familia y la de su mujer habían vivido por generaciones en esas tierras que trabajaron hasta sangrar. Apenas les alcanzaba para sobrevivir, pero era lo suyo, lo único que tenían. Para el patrón, estas tierras eran solo una cifra en sus cuentas. Para Facundo, eran todo. Abandonarlas era una locura, pero sabía lo que significaba llevarle la contraria al rico. Él mismo lo había visto y tenía miedo de la embestida. Quizá sería mejor hacerse a un lado y simplemente huir. ...
Guerra y paraíso
Vivimos en un mundo que se empequeñece. Cada día las distancias se acortan un poco más. Para nuestros abuelos, viajar era una empresa de días o semanas; para los primeros humanos, el planeta entero debió parecer infinito. Nosotros, en cambio, tenemos Europa a unas cuantas horas y las noticias del Lejano Oriente llegan en minutos. Desayunamos con bombardeos en Ucrania, almorzamos con disturbios en Asia y cenamos con muertos en Medio Oriente. Entre plato y plato aparecen los aperitivos habituales: criminales emboscados en la sierra, agricultores extorsionados por bandas armadas, niñas desaparecidas por algún vecino emprendedor del tráfico humano. Violencia, corrupción, guerra y muerte desfilan frente a nosotros mientras abrimos el paquete de jamón del desayuno: perfectamente sellado, rosado e inocente, como si nunca hubiera pertenecido a un animal. Ni siquiera nos atrevemos a llamarlo por su nombre —puerco, cerdo, chancho—. Es la «proteína» de la mañana. ...
El creador de los libros
Pase por acá, licenciada. Ya llegamos: esta será su oficina. Espero que le parezca cómoda. Ahí en el cajón del escritorio hay papel y plumas, y si necesita algo más solo dígamelo; estamos algo cortos de material por ahora, pero trataré de conseguírselo. Esa es su computadora. En un momento bajará alguien de sistemas para terminar de configurarla y explicarle sobre las cuentas de correo electrónico. ¿Cómo dice? ¿Esa puerta? No, no es un clóset. El clóset está en la otra; todas las oficinas tienen uno, verá que hacen falta. Esta puerta lleva a la oficina de junto. En realidad, todos los cubículos están conectados entre sí, de aquí hasta el final del pasillo. Pero es mejor que no la abra. Hágame caso y se evitará muchas molestias. ...
Los libros de la transformación
Sí, era un lindo día cuando llegaste y Lupita te hizo pasar. —Por acá, licenciada, esta será su oficina. Siempre amable, esperaba que el lugar te pareciera cómodo y lo decoraras a tu gusto. Te explicó que en el cajón del escritorio había papel y plumas; si necesitabas algo más, solo tenías que decírselo. Estaban algo cortos de material por entonces, pero trataría de conseguírtelo. Luego señaló la computadora y añadió que en un momento bajaría alguien de sistemas para terminar de configurarla y explicarte lo de las cuentas de correo. ...
Al perro más flaco
Señoras y señores del jurado: llegó el día de decidir. Después de semanas de escuchar a tantos testigos inventados, de tolerar con paciencia las explicaciones de quienes se dicen expertos y de indignarse ante las acusaciones absurdas del fiscal, finalmente llegó el momento para el que todos ustedes fueron convocados. En ustedes descansa una enorme responsabilidad: decidir sobre la vida de un hombre. La libertad y el bienestar del acusado están en sus manos. Y sí, también los de su familia. Aquí han estado todos los días su esposa y sus hijos, en primera fila, esperando el veredicto que determinará su destino. Un destino que, en justicia, solo puede ser uno: inocente. ...
Aventuras del inspector Garay
La noche sin luna era un pozo de tinta. Bajo la luz cansada de las viejas farolas del centro, el inspector Garay apenas podía ver más allá de su nariz. El detective se dirigió hacia el Bar Antonio. Ahí lo esperaba Claudia, una joven vivaracha que antes fue mesera y ahora le vendía información por dinero. Le había prometido detalles sobre «El Carnicero del Barrio Chino», como ya lo llamaba la prensa sensacionalista. Garay hubiera preferido quedarse en su oficina, con una buena copa de brandy para calentarse las manos, pero la muchacha sonaba asustada: «Esta noche puede ser la última». No podía ignorarlo. ...
El misterioso caso de la tarea suspendida
—Ya estoy listo, vamos a comenzar con la tarea. —Adelante, tú empiezas y yo te sigo. —¿Cómo? Pensé que tú la ibas a hacer. Yo no tengo idea de qué diferencia hay entre misterio y suspenso. Mejor empieza tú, que pusiste atención en clase. —¿Cuál clase? —El taller, pues. La verdad es que me distraje un poco cuando el coordinador explicó la diferencia. —Ah, caray, ¿pues cuándo la explicó? Seguro que yo también estaba dormido. O sería cuando nos escapamos por las memelas. ...
La fiesta de la democracia
La fiesta de la democracia celebra dos siglos de participación ciudadana Autoridades destacan la madurez del pueblo y el ambiente de júbilo durante la conmemoración del 2 de octubre; solo 532 policías resultaron heridos. CIUDAD DE MÉXICO, 3 de octubre de 2168.— Con un fervor que desbordó las principales avenidas del centro histórico, miles de ciudadanos participaron ayer en la tradicional Fiesta de la Democracia, que conmemora los dos siglos de la gesta estudiantil de 1968. La Secretaría del Bienestar Popular calificó el evento como «una muestra ejemplar del compromiso cívico del pueblo sabio». ...